Maruja Mallo fue una pintora surrealista española. Fue la cuarta hija de los catorce que tuvo el matrimonio formado por el madrileño Justo Gómez Mallo y María del Pilar González Lorenzo. Debido al trabajo de su padre la familia se trasladaba con frecuencia y, por ello, la familia se trasladó a Avilés, donde permanecen desde 1913 hasta 1922. De esta manera, Maruja comenzó su formación en la Escuela de Artes y Oficios y en estudios particulares. En 1922, con veinte años, y en un nuevo traslado de la familia a Madrid, entra a estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando donde estuvo hasta 1926. En Madrid se relaciona con artistas, escritores y cineastas de la Generación del 27 como Salvador Dalí, Concha Méndez, Federico García Lorca, Margarita Manso, Luis Buñuel, María Zambrano o Rafael Alberti, con el que mantendrá una relación hasta que él conozca a María Teresa León; especialmente será amiga de Josefina Carabias y Concha Méndez.Colaboró intensamente con Alberti hasta 1931, quedando constancia de este trabajo conjunto los decorados del drama Santa Casilda (1930) y La pájara Pinta (publicada en 1932) testimonios en libros como Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos (1929) y en Sermones y moradas (1930).
Tras la segunda república, ella debe irse a Argentina, donde colabora en la famosa revista de vanguardia Sur, en la que también participaba Borges.
En 1942 se publica el libro Maruja Mallo, con un texto previo de Ramón Gómez de la Serna y donde se reproducen textos de la autora. Entre 1945 y 1957, Maruja Mallo tuvo un periodo oscuro; sus apariciones públicas y sus exposiciones también eran más raras.2 En 1945, viaja a Chile y se traslada a Viña del Mar y la Isla de Pascua, junto a su amigo Pablo Neruda, buscando inspiración para realizar el encargo de un mural en un cine Los Ángeles de Buenos Aires, que se inauguraría en octubre de ese mismo año. El 11 de octubre de 1948 realiza una exposición en la galería Carroll Carstairs de Nueva York. en 1949 Maruja deja Argentina y se traslada a Nueva York. En marzo de 1950 expone en la Galerie Silvagni de París y, en 1959, en la galería Bonino de Buenos Aires. Finalmente viaja desde Nueva York a Madrid para regresar a España en 1962, tras veinticinco años de exilio.

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