Presentación

Este pequeño blog va a tratar sobre un grupo de mujeres pensadoras y artistas españolas pertenecientes a la generación del 27, "las Sin...

miércoles, 12 de febrero de 2020

Delhy Tejero


Adela Petra Tejero Bedante, segunda hija de una familia de tres hermanas, nació en Toro (Zamora) el 23 de febrero de 1904. Su padre Agustín Tejero Romero era funcionario del Ayuntamiento y su madre, Paula Bedante Rodríguez, ama de casa. La madre murió al darla a luz, por lo que las tres hermanas crecieron entre los cuidados de una ama de cría y de su padre.
A pesar de que en su familia no había precedentes directos, ella manifestó de muy pequeña su interés por el Arte. Los primeros dibujos los hizo en Toro y lo dibujaba todo: familias, casas, muebles, coches, animales, vestidos, fiestas, curas, iglesias... Aprendía con otros artistas zamoranos como con su primo Daniel Bedate, pintor en Zamora y posiblemente también con el pintor costumbrista Jesús Gallego Marquina. Se inicia como ilustradora colaborando en los periódicos locales hacia 1924.
Quería estudiar y organizar su vida profesional de forma independiente.Finalmente la introdujeron en Madrid. La convulsiva vida de Madrid de los años veinte del pasado siglo, no se parecía mucho a la tranquilidad de Toro y esto lo sabía bien su padre que no veía con buenos ojos la idea de ir a estudiar Arte a la capital. Sin embargo acabó cediendo y Delhy se trasladó a Madrid en 1923. Para mayor seguridad su padre la envió al colegio femenino de monjas de San Luis de los Franceses con el fin que aprendiera cultura general, idiomas y taquigrafía, materias recomendables para las jóvenes de entonces. Pero descontenta de esta residencia, Delhy consigue una beca del Gobierno de la Dictadura de Primo de Rivera que le permitió trasladarse a la Residencia de Señoritas, dirigida por María de Maeztu, una de las instituciones laicas más importantes en la historia de la educación de las mujeres en España, versión femenina de la Residencia de Estudiantes. Allí encontró un ambiente educativo cosmopolita, liberal y tal vez elitista, donde asistían alumnas españolas y extranjeras. Estos años de estancia en la residencia sin duda influyeron en su madurez personal y en la formación de su carácter independiente, refinado y creativo, que siempre le caracterizó. Allí se alojó hasta mediados de los años treinta e hizo amistad, entre otros intelectuales, con Rafael Santos Torroella, la periodista Josefina Carabias y Mariquiña Valle-Inclán, hija del escritor.

Cuando Delhy llega a Madrid, Manuel de Castro le presenta al pintor Blanco Coris, artista, crítico y profesor de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios, que ya vio sus buenas posibilidades en el campo del Arte y fue su primer profesor. A pesar de que su padre la había enviado a Madrid a estudiar idiomas y taquigrafía, dejaba estas clases para ir a dibujar a la Escuela de Artes y Oficios. Durante los cursos 1925-1926 y 1926-1927 realizó estudios de dibujo artístico y obtuvo la nota de sobresaliente. El último curso lo simultaneó con el primer curso en la Escuela de Bellas Artes (llamada entonces Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado), de modo que a partir de de 1926 y hasta 1930 estudió en este centro. En 1929 solicitó el título de profesora de dibujo. Tuvo como principales maestros a Julio Romero de Torres (dibujo de ropajes), Manuel Benedito (colorido, composición y pintura al aire libre) y a José Moreno Carbonero (dibujo al natural). Viaja a Bélgica para estudiar técnicas industriales de pintura mural en L' Ecole Superiure Logelan de Bruselas. Hizo escala en París donde se quedó varios días y visitó el Salón de Independientes.Después de sus estudios, en 1931, fue nombrada profesora interina de pintura mural, asignatura que inauguró ella en la Escuela de Artes y Oficios en Madrid. Ocupará esta plaza por lo menos hasta 1934 y le permitirá vivir con cierta holgura y conseguir un estudio propio en uno de los rascacielos de la Gran Vía madrileña, el edificio de la Prensa, que conservará hasta su muerte. Consigue solucionar el problema de la subsistencia con estas clases pero no descuida su carrera artística. En 1930 participa por primera vez en la Exposición Nacional, en la sección de arte decorativo y se le concedió un “Premio de Aprecio”. En la Exposición Nacional de 1932 (se celebraban cada dos años), obtuvo una tercera medalla en esta misma sección con un tríptico sobre lienzo realizado al temple, de grandes dimensiones, denominado “Castilla”. Fue la primera muestra nacional celebrada después de la proclamación de la República. El cambio de gobierno no significó transformaciones muy perceptibles en el panorama ecléctico y aburrido de este tipo de exposiciones pero parece ser que el jurado de admisión fue más estricto.
Realiza varias exposiciones particulares pero la más personal y la que reúne la labor de esta etapa fue la que celebró en diciembre de 1933 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. En ella se mostraba una relación muy variada de su obra: óleos, dibujos, gouaches, proyectos murales y trabajos decorativos, con temas muy diversos.

Volvió a presentar su obra en la muestra nacional de 1934 en la sección de arte decorativo con la obra, hoy desaparecida, “En el circo”, sin conseguir ningún premio pero fue destacada por el crítico Manuel Abril en la revista “Blanco y Negro” del 10 de junio de 1934. También tuvo una buena crítica de Luis de Galinsoga (“ABC”, 22 de junio de 1934). este mismo año lleva a cabo dos encargos, hoy desaparecidos, de pintura mural, en ostentoso estilo Art Deco: el cine del Palacio de la Prensa, en la Gran Vía en Madrid y en la perfumería-farmacia de los padres de Rosario Nadal, que sería la primera esposa de escritor Cela. Los bocetos y proyectos fueron expuestos en su exposición del Círculo de Bellas Artes en 1933. Hubo también en 1934 un concurso oficial sobre trajes regionales, al que se le dio tanta importancia como a la Exposición Nacional, sobre todo por la cuantía de los premios. Las bases exigían una obra al óleo con figuras de tamaño natural, vestidas con atuendos regionales. El propósito era ambicioso, quizá buscando la autenticidad y las esencias españolas que perseguía el regeneracionismo. Tal vez por esto la crítica se quejó de la falta de seriedad de muchas obras. Por esto mismo, Manuel Abril, resaltó el cuadro de Delhy, “Mercado zamorano” por su concepto de traje regional y su estudio científico del folklore.
Tras una época en la India Delhy vuelve a Toro donde choca con la realidad: compañeros muertos, en el exilio o instalados en el régimen franquista. Regresa a Madrid y se encuentra con un expediente por haber abandonado sin permiso sus clases en la Escuela de Artes y Oficios. Poco a poco retoma su actividad y los encargos se suceden. Expuso en Salamanca y Valladolid (1959). Inmersa cada vez más en el mundo de la abstracción sin abandonar los contenidos figurativos y murales de su obra precedente, participa en algunas exposiciones colectivas importantes: en la Bienal Hispanoamericana, de Cuba; Exposición de Arte Contemporáneo, de Buenos Aires en 1947; Arte Abstracto en España siendo la única mujer artista invitada. Además de Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, alcanzando la Tercera Medalla de Dibujo en 1948 y en la III Bienal Hispanoamericana celebrada en Barcelona en 1955, donde obtuvo el Premio del Ministerio de Instrucción Pública de Uruguay. Como consecuencia de este premio, fue incluida en la exposición “Picasso et l'art contemporain Hispano-Américaine” en el Museo de Arte e Historia de Ginebra en mayo de 1956.
En estos años continúa colaborando como ilustradora en las revistas “ABC” y “Ya” pero su mayor labor es el intenso trabajo como muralista entre los años 1959 y 1963 en varias iglesias de Madrid (la de los Padres Mercedarios en la Ciudad de los Ángeles), los frescos de la Tabacalera, en Sevilla y en pueblos creados por el Instituto Nacional de Colonización, en Andalucía. La crítica la respeta pero Delhy siempre se queda a las puertas de algo. Le prometen premios que no le dan. En 1965 el Premio Nacional de Pintura se lo arrebata Daniel Vázquez Díaz: se siente ninguneada. Su vida entra en una espiral neurótica. Se oculta tras unas gafas negras, se niega a entrevistas, a citas, a fotografías. Tras larga enfermad muere a los 64 años en Madrid en el año 1968. Cuando murió hizo prometer a su sobrina Mª Dolores Vila Tejero que destruiría todos sus documentos donde aparecía su fecha de nacimiento.



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